El ingeniero decidió conectar el Rojo.
Iker despertó desconcertado, ensordecido por el zumbido de la explosíon. Le costaba trabajo distinguir lo que ocurría a su alrededor, disparos zumbaban cerca, levantando tierra y plantas al impacto. Encima de forma borrosa observó drones arrojando haces de luz. Recordó que se encontraba entre los arbustos del laberinto de plantas, buscó el arma tirada cerca de él, y al recogerla rápidamente disparó haces devuelta para derribar al dron más cercano.
Miro a los costados esquivando detonaciones, vio una silueta avanzando cerca de él a un costado, veloz y sigiloso a Cosmo que lo alcanzaba disparando derribando drones. Volteo alrededor para mapear al resto de chicos, Show, y Oz se encontraban inmersos en la batalla, saltando ágil y grácil entre arbustos y ramas, ayudada por su bastón de bambú, Julia se aproximaba a la torre oeste de la gran residencia. Desde las alturas se podía ver a Minos con sus ojos radiantes y rojos agitando el aire, manipulando a los drones a su alrededor. Junto a él, orgullosa con el pecho y los hombros alzados, Gaya miraba al horizonte imperturbable, y atrás amordazada, Astra seguía forcejeando para liberarse.
Escabulléndose, escalando entre las hiedras de la torre, Julia encontró una de las entradas secretas, aquellas por donde Astra descendía a la biblioteca, pero esta vez para ascender para liberar a su hermana.
Cosmo lideraba el camino indicando a Show y Oz por donde trepar.
Iker tomaría el camino largo, desde la otra torre recorrería los tejados para aproximarse.
Muy sutilmente Julia retiró una piedra que le permitió ver la posición de Astra. Con la luz que entraba al interior de la pared falsa de la torre, gracias a la piedra que retiró. Pudo alumbrar su procedimiento.
Se quitó del cuello su piedra y con el mismo cordel del collar lo amarró a su palo de bambú. Y con un movimiento rápido y preciso, lo lanzó por el hueco entre las piedras en dirección a Astra. La lanza rozó sutilmente las cuerdas que aprezaban sus manos, lo suficiente para rasgarlas.
Minos volteó al detectar movimiento, pero Astra se encontraba ya detrás de él con las manos apuntando en su dirección, gritando en un fuerte alarido un hechizo que dejó al robot inmovil flotando en el aire.
Julia se encontraba ya en posición, con la lanza y de un salto, se dispuso a enterrarla en la cabeza del ser biomecánico.
Esto lo derribó con una explosión y un estruendo, al mismo tiempo que derribaba a todos los drones sobrevolando.
Julia se dispuso a asestar otro golpe justo en medio del pecho.
“- No!!! “ Gritó desconsolado Cosmos , alcanzando la cima de la torre mientras miraba la escena
“Nooo!!! Abuelo!!!”
Abuelo? Se preguntó Astra, quedando igual de inmóvil que Julia e Iker quien, así como Cosmo y sus amigos que ya estaban en la cima de la torre.
-El sólo quería protegernos, decía el chico llorando, sacó una llave de su bolsillo, insertándola en una ranura en el pecho de Minos, abrió el compartimento del pecho para retirar una piedra brillante, como aquellas que acompañaban a Julia.
El chico llevó la piedra hacia su corazón, apretando fuerte como quien se abraza a sí mismo. Julia terminó de acertar un golpe en el centro de la máquina. El ambiente se tornó absolutamente blanco.
Todos salieron propulsados con riesgo de caer de aquella torre en medio de la nada. Y cuando la luz ecegecedota de la explosión se discipó, poco a poco comenzaron a acostumbrarse, el paisaje desde lo alto se comenzó a iluminar de color, el valle y las lomas alrededor se tornaron de un verde intenso, asi como el azul del cielo. Cosmo giro 360 grados:
– había olvidado lo hermoso que eran los colores.
Iker y Astra se abrazaban. Julia se les unía.
Gaya, comenzó a parpadear rápidamente y un sutil velo se diluía en sus ojos. Inhaló efusivamente con la boca, pero Iker y Cosmo ya estaban recibiendo su cuerpo que se desvanecía.
Show le daba un codazo a Oz. “Te lo dije, esto iba a ser insano tio.”
Gaya despertó en el sillón de la sala, y aún viendo de lado, miró a su lado vió al tío nacho dormido desparramado en el sillón, comenzó a reconocer la habitación y el aroma tan característico del huevo revuelto, cocinado con mantequilla y un ligero toque de leche, la dulce estela de los hotcakes y el espeso pero irresistible aroma del tocino. Se frotó los ojos y se desenvolvió de la manta que la cubría. Las ramas entraban por aquella cocina en medio del árbol, justo como la recordaba. Volteó y los vió a todos ahí sentados, alcanzando los dulces condimentos para embarrar en los hotcakes. Se puso de pié y aproximó silenciosamente a la mesa, al lugar reservado para ella. “Mamá” gritó Julia con su característico tono de júbilo aniñada. La mesa entera volteó a verla sonriéndole. “Bienvenida”.
“¿Cuánto tiempo llevo dormida?” Tu cuerpo durmió un par de días, pero no sabemos cuánto tiempo te nos fuiste ahí adentro. Gaya estiró la mano para alcanzar el vaso con líquido amarillo intenso, pero de inmediato quitó la mano al percibir el movimiento sobre la mesa, soltando un grito, aterrada.
“Qué hace esa cosa aquí!”, agitaba una servilleta queriendo apartar a la pequeña máquina con cuernitos que la miraba con ojos asustados, como si hubiera visto un insecto rastrero.
Un glitch hizo que todo se viera oscuro y borroso por un instante.
Tranquila mamá, ya lo calibre debidamente, creo que se me pasó la mano el nivel de protección, dijo Cosmo, recogiendo al pequeño robot y acariciándolo como a un pequeño cachorro.
- “Ya les he dicho que no quiero dispositivos cerca” dijo ella mientras agarraba el espejo que se encontraba sobre la mesa. Lo tomó y vio un pequeño rayón sobre el cristal. “Esto ya no sirve” dijo soltándolo desinteresadamente sobre la mesa. “Denme otro” estiró la mano sonriendo forzando las mejillas mirando directamente a la anciana que servía leche del otro lado de la mesa.
Otro glitch se interpuso en la visión de Gaya. Las figuras se hacían borrosas en líneas horizontales. Y la imagen se oscurecía. Por un instante la anciana se volvió esquelética y decrépita, sus hijos estaban también flacos, con la ropa en harapos, donde debía estar su pareja no había plato, y en el sofá, en lugar del tío dormitando, había una pila de basura. Toda la habitación estaba polvorienta, descuidada. La imagen duró unos segundos y volvió a la escena original.
“Ya no hay de esos, aquí ya no los necesitamos, hija.” Respondió dulcemente la anciana.
“Ash, no es posible”, se levantó la mujer indignada y se dirigió a su vehículo. Se sentó tras el volante y presionó el botón de encendido repetidas veces, sin que nada ocurriera. Con un glitch, se observó a la mujer dentro de una vieja chatarra oxidada, hundida entre fango y maleza. Tras el micro glitch. Abrió la puerta de la camioneta y salió indignada azotando la puerta. Glitch nuevamente, la puerta destartalada de la chatarra caía hundiéndose en el lodo.
De regreso en el ambiente “normal” ella subía corriendo la torre del castillo desde donde exigiría que su pueblo de amazonas le trajera los más nuevos, más hermosos, relucientes y perfectos espejos, tesoros y tributos.
Nada se interpone entre sus deseos. Obtendría lo que deseaba de inmediato. Ese pueblo leal de amazonas, emancipadas de la inútil participación masculina y de gente toxica. Pueblo conquistado con el poder de sus mandatos y su incuestionable visión de libertad.
Se aproximó al enceguecedor resplandor de la ventana donde su pueblo la recibiría con vítores rendida a su poder, venerándola ciegamente. Apartó las cortinas de terciopelo rojo a su paso y gritó fuerte y enérgica: “Denme!”
El glitch se presentó nuevamente, y el paisaje de arquitectura imperial y calles llenas de guerreras alzando los brazos, se tornó en una planicie pantanosa con árboles muertos y aroma a putrefacción. El rostro orgulloso se le desdibujó transformándose en una expresión de asco. “No!” Mientras negaba con la cabeza giró para entrar en sus aposentos y observó su habitación polvorienta, y los velos que cubrían su cama aparecían rasgados, y sobre la cama cajas, basura y cristales rotos. Se aproximó al gran espejo de la habitación y vio su rostro demacrado, envejecido con las órbitas de los ojos hundidas, y ella vestida en harapos. El reflejo cobró movimiento propio. Estiró la mano hacia ella como pidiendo una limosna pronunciando “Denme!”
Otro glitch sucedió, pero esta vez transicionó rápidamente entre el ambiente brillante de su habitación imperial y el ambiente oscuro, para terminar en un ambiente de colores bien definidos. Se vio a sí misma en un ambiente de colores neutros y vio un reflejo con vestimenta normal, casual. En el reflejo pudo ver una habitación donde en la cama se veían pilas de ropa y una cama desdoblada. Su ritmo cardíaco volvió poco a poco a la normalidad. Cerró los ojos y al volverlos abrir vió la misma escena y el mismo reflejo, que seguía sus movimientos, tan ordinaria, tan común. Respiro profundamente. Salió de su habitación y vio a una adolescente recostada sobre la cama mirándose al espejo absorta, volteo al otro lado para asomarse en la otra habitación, donde vió a un niño que la miró sonriendo, con esa mirada con un dejo de miedo y compasión. “Hola mamá, todo bien?” pronunció suavemente. Mamá? Se preguntó y se quedó conmocionada por unos instantes, tras reflexionar, se aproximó para abrazarlo, al principio el chico retrocedió desorientado, terminando por ceder al abrazo, y lo sintió estremecerse. Lo calmó suavemente acariciando su espalda. Lo ayudó a incorporarse, y juntos bajaron las escaleras. Otra chica hurgaba en la alacena, escondiendo tras de si lo que se acababa de llevar a la boca.
En qué mundo, en qué universo se encontraba ahora? Dónde estaba todo el poder que ostentaba? Por qué no estaban sus súbditos que atendían a sus demandas, que se encargaran de esos niños. Los días pasaban, y asimilar este cuerpo, este entorno le costaba trabajo, regresaba constantemente al espejo tratando de regresar a su mundo de origen, pero eso no sucedía, parecía que se encontraba ahora atrapada en esta dimensión.
Culpaba a la tecnología, a los malditos espejos defectuosos, al inutil del rey, su padre, que despareció cuando ella era una niña, y a su inutil pareja que ni siquiera existía en este universo, al Gelfish, a la compañía. Los suministros se acababan, se sentía con una sensación de estrés y apuro que crecían Al cabo de unos días, un día Gaya tuvo un momento de iluminación y salió a la calle. Algo mas grande que su voz interna la controlo y en un impulso, sin que su mente gobernara, solo su cuerpo en este universo habló por sí solo y consiguió un empleo modesto, se sintió al principio humillada, al pedir a gente común una oportunidad, pero esto le permitía traer comida constante a la mesa.
Será que debía dejar de controlar el juego y solo jugarlo? Fluyó con el personaje de este universo.
Aceptaba con humildad las órdenes de la encargada de la tienda. Aunque no sabía mucho, fue aprendiendo rápidamente el oficio. Le costó trabajo pero aprendió a ser cortés con los clientes, a quienes incluso agradeció por la preferencia.
Pensó que no tendría tiempo para eso de trabajar y además tener vida, pero que vida se supone debía tener ahora?
Se hizo cargo de su madre enferma, la cual aún con el dolor de sus padecimientos se esforzaba por atender a sus hijos y a ella.
Sus hijos la vieron levantarse y aprendieron juntos a agradecer por cada día, cada alimento que llegaba a su mesa. La voluntad y tenacidad de su madre les enseñó el valor del esfuerzo, la resiliencia, porque no todos los días eran buenos. Pero agradeciendo, cada día les daba otra perspectiva.
Su anciana y cansada madre podía descansar. No vivían en este universo con opulencia, era un mundo diferente, más modesto, no estaban las institutrices que les enseñaran equitación, ni los masajistas que atendieran sus dolencias y arreglaran sus uñas, pero a pesar de todo estas circunstancias le ofrecía una vida de paz. Incluso había encontrado propósito en servir, en dar. Siempre había recibido, pero de alguna forma, ahora dando se llenaban más sus carencias.
Comprendía ahora este mundo, este cuerpo, estaba en paz con ello, con los dotes, capacidades y carencias que tenía. Nunca fueron llenadas con espejos, tesoros y tributos, esto era diferente. Se comprendía, estaba en paz, había dejado de aspirar a regresar, era un poder distinto el que poseía ahora, y se hacía responsable de éste.
La Princesa, se sentó en su jardín por un momento, después de haber atendido clientes, calentar comida, sacar ropa de la lavadora, y haber acostado niños. Se puso a observar a un colibrí que se aceró a beber de una flor. Recordó un momento su vida de opulencia, sus aposentos, sus carruajes, sus salones de espejos. Y se dijo a si misma:
“Agradezco no tener nada, porque ahora con cualquier cosa que llegue, lo tengo todo”
Y rara vez se veía ya en el espejo.