“Tomo mis patines, blancos, me coloco las alas blancas, y salgo del pequeño parque donde se ubicaba el árbol de la abuelita, y la pequeña casa donde habito con mi tío para recorrer el camino, también blanco que conduce a la costera.

El sol está en el mismo lugar, pero algo había ocurrido después del gran blanqueamiento. Una muy ligera bruma lo cubre todo. El cielo es de un azul más claro, y la temperatura ha bajado apenas algunos grados, compensando el calentamiento de la tierra causado por las espirales de la órbita terrestre.

El cubrebocas blanco contrasta con los lentes oscuros que todos portamos para atenuar la luz y recibir las notificaciones de propaganda de todo tipo. No se de cuando se nos ocurrió la locura de las alas pero seguro fue en un invierno donde la helada nieve lo cubre todo después del otoño donde los pato vienen a los estanques a formar familias y luego emigrar hacia no se donde, las alas cubren bien del frío, pero ahora en verano, honestamente me veo majestuoso rodando por las veredas.

Siempre tomo el mismo rumbo, un antiguo hotel que alguna vez había albergado cientos de vacacionistas y cuyo lobby abandonado ahora era mi habitación secreta. Como una macro suite con vista al mar.

Hay que estar con los ojos bien abiertos, las hierbas se distinguen por su forma. La albahaca la distingo por su forma de cuatro picos y su peculiar aroma. Se donde encontrarlas, yo mismo he plantado varias especies diferentes de plantas, algunas por semillas, otras por podos, la vegetación se da bien por acá, aunque también la fauna que suele comerse también mis cultivos, y esta no es la excepción.Así que tendré que encontrar alguna silvestre.

Hoy Show y Oz no se dignaron a acompañarme, han de estar muy ocupados viendo al techo.

Algo llama mi atención, un reflejo extraño se ve por aquella vereda sobre los árboles. Aquí no hay caminos lisos así me los colgará al hombro, también amarro mis alas para no desplumarlas entre la maleza.

¿Qué será eso? Mientras más me aproximo noto un resplandor extraño…

¡Tiene color! “

Cosmo dejó sus patines y desató sus alas de sus hombros para depositarlas sutilmente en el suelo, sin apartar la vista de esa extraña y hermosa visión.

Escaló un árbol, proeza nada ajena a sus hábitos, subió más y más hasta llegar al borde de una rama, descubriendo que aquel objeto de un color indescriptible se encontraba en la rama de otro árbol próximo. Las ramas no estaban muy lejos una de la otra, pero entre ambos había una grieta que dividía la tierra en una caída prolongada.

“¿Qué hago?, ¿qué hago?” se preguntó calculando mentalmente sus opciones, un salto era viable, pero si se estiraba lo suficiente también había posibilidades de alcanzarlo. “¿Y si agarro una rama y le pego? ¿O la intento cachar con la misma rama? Ya se le pego, para que se eleve y luego la vuelvo a batear hacia mi.”

Se tornó para encontrar una rama con las características que necesitaba y en ese instante sus pies descalzos resbalaron haciendole caer por las ramas, golpeó con un par de ellas y cuando estas escaseaban, fue sujetado del brazo.

“¡Fíjate niño!”

Al voltear vio a una joven singular, con la mitad de la cabeza rapada y del otro costado una trenza que se prolongaba junto al brazo estirado que lo sostenía.

“¡Dáme la otra mano!”

Colocándose seguros sobre una rama, la chica acercó su cara al rostro de Cosmo con mirada retadora y le dijo enérgicamente:

“¿¡Tu no entiendes verdad!!? ¿Qué tu papá nunca te dijo que NO jugaras con fuego?”

  • “¿Qué es esa cosa que esta ahí?”

“¿Eso? ¿Puedes verlo?” y la chica dió un salto rápido situándose en el árbol del otro extremo recogiendo el extraño objeto, y con la misma agilidad en unos segundo después estaba ya de nuevo junto a Cosmo. Abrió su mano y dejó ver una roca de forma hexagonal que brillaba de una forma que Cosmo jamás había visto, Él hipnotizado por el brillo aproximó su dedo y al tocarlo recibió una fuerte descarga que lo desorientó.

“¡Es fuego! ¡Te estoy diciendo! y túuu te debes de mantener alejado.
Regrésate a tu casa deben de estar preocupados por tí”

Y se alejó saltando al otro extremo del acantilado velozmente.

“¡Espera! ¿Quién eres?”

“Ay ya sabes!! Soy Julia ¡Daaa!” gritó a la distancia con tono burlón mientras desaparecía saltando en las ramas entre la bruma blanquecina.

Cosmo volteó a los lados confundido por lo que acababa de pasar, y percibió el aroma, el ambiente olía a albahaca.

¿Julia?