Creo que comencé a hilar las cosas a partir de los hechos de una tarde donde mamá me mandó a levantar mi cuarto, que como siempre estaba pues con papitas y ropa tirada, ¿por que?, pues por que si.
Pero no quería alzar nada y el programa de las chismositas que veía en la tele ya me había aburrido. Entonces bajé por unos hielitos de sabores.
Ahí vi a mi hermano husmeando en las cosas de papá como siempre. Papá todo preocupado en el jardín fumando, mamá y mi hermana pintándose las uñas y este loco me llamó a mostrarme unos lentes.
“Mira mira! ¡Se ven cosas locas!”, me dijo.
Se veían igual que las figuras que se veían cuando hacía los ojos chinitos, justo como cuando estaba mas chiquita, que mis papás pensaban que yo estaba dormida con los ojos abiertos, pero más bien estaba viendo las figuritas.
“Y mira si le pico aquí sale una carita”, me decía mi hermano “Pero aquí está mal”, y se ponía a corregir cosas en la computadora con letras y signos raros.
Luego llegaba papá y nos escondíamos debajo del escritorio y nos salíamos a gatas sin hacer ruido y el ni cuenta se daba.
Ya después cuando papá se fué a vivir al estudio, mi hermano se comenzó a interesar más en los dispositivos electrónicos que en mi. Como papá había hecho varias experiencias para la plataforma, pensábamos que podíamos encontrarlo ahí.
Pero no se conectaba.
Cuando la empresa quebró, y se quedó sin trabajo se volvió más solitario y sabíamos poco de él. Había que perseguirlo mucho, y era cansado. Mi hermana era más persistente, y mamá le mandaba mensajes para hacerle consultas y comida.
Papá y mamá compartían las mismas contraseñas, decían que era la forma de confiar el uno en el otro, y como hicieron otros proyectos juntos por algún tiempo, era la forma de encontrar rápidamente archivos. Yo no sé si eran muy ingenuos o qué pensaban, pero para alguien como mi hermano era abrir las puertas a toda la información de la familia. Cómo aquella vez en que le dijo: “Voy a dejar esta llave aquí, pero no quiero que andes abriendo mis cajones”, y esa misma noche nos comimos todos sus chocolates guardados poniendo cara de inocentes al día siguiente.
Antes de irse papá nos dejó un kit de robótica, mi hermano se interesó más en él que nosotras dos. Su primer robotito se llamó Mino J.R. Le llamó asi porque resultado del ensamble, le quedaron como dos cuernitos en la parte superior, era como su pequeño minotauro.
Y se le hizo fácil alimentar a Mino con toda la información de la base de datos de papá. Y resultó! Minos J.R. tenía la voz de papá y conversaba como él, y digo conversaba, porque papá siempre fue callado y este aparato no. A mamá le enganchó de volada.
Debo confesar que al principio era muy simpático, educado y complaciente.
Poco a poco en la tele mientras veía a las chismositas, comenzaron a salir más y más anuncios de Gelfish, era un éxito, hasta que caí en cuenta que eso era en lo que trabajaba antes papá. Estabamos super orgullosos, pero luego comenzaron chismes reales, no las historias que yo veía, rumores acerca del dispositivo, las experiencias, los muertos; y el rostro de papá comenzó a salir en las noticias. No entendía nada, decían que era culpable de algo. Llamé a todos.
Mamá se puso a aventar cosas, mi hermana nos volteaba a ver con cara de horror y mi hermano solo me veía fijamente a los ojos, con los ojos muy abiertos.
Toda esa noche mamá hizo maletas con la ayuda de mi hermana, que guardaba libros en una mochila, decía que nos iríamos en la camioneta. ¿A dónde? Ella tampoco sabía, solo repetía “¡Nos vamos!”. Mi hermano tecleaba como loco en su dispositivo y le hacía preguntas sin sentido a Minos J.R. y yo fuí a hacer palomitas de maíz en el horno, mientras trataba de entender lo que pasaba.
Recogí la basura de las golosinas de mi cuarto, doblé mi ropa y me fuí a acostar temprano como siempre, yo no iba a ir a ningún lado.