El Ing. Ginberg nació en el seno de una familia acomodada, cuya situación le permitió conocer diferentes partes del mundo, desde el lejano oriente, hasta la cuna de la civilización occidental.

El estudioso precursor de teorías en torno a la mecánica cuántica e hipótesis de universos simulados, generó su “Teoría Sintérgica” donde postulaba que todo estaba conformado por una gran lattice, una red de energía que conformaba la realidad, y cuyo pequeño aleteo de una mariposa podía, con su vibración, generar cambios en algún otro nodo de la red. También decía que los antiguos pobladores del planeta, incluidos los shamanes mesoamericanos tenían conocimiento de esto, conocimiento que había podido ser heredado, y cuyos vestigios se encontraban en algunos descendientes indígenas de poblados remotos del país.

Afirmaba que el cerebro tenía su estructura sináptica modelada con los principios de la lattice y su transmisión de energía. Y que por tanto la comunicación telepática era posible, solo encontrando las frecuencias vibratorias adecuadas. Cuando realizaba dichos estudios fue cuando aconteció su desaparición.

Era un viajero de países y de la mente. Por lo que su ausencia al principio no sorprendió, y menos en un país donde el crimen no tenía piedad contra nadie.

Su libro, donde expresó su teoría, incluye un colofón donde expresaba también su interés por la velocidad de la luz, donde se cuestionaba su incidencia en el desplazamiento por la lattice, donde quizá en esta, ya todo está escrito, y todas las posibilidades han sucedido, y por tanto toda la vida es una recreación del pasado, y la luz es el presente, y nada puede ir más lejos que el final, nada puede ir más lejos que el presente.

40 años después apareció un gurú yogui que tenía un timbre de voz, y cadencia muy similar a él. Aunque su temática siempre fue muy espiritual, cierto grupo de personas se aferró a encontrar similitudes en sus discursos.