1001, eso en binario es tan solo un número 9. Pero 1001 en binario es 1111101001 Qué significa ese número? Esto iba a ser más complejo que solo uno y cero, o que azul o rojo, porque ese era solo el primer slot que habría sufrido quemaduras en la placa. Aún quedaban otras posibilidades, pero cada uno de los slots tenía su propia herencia de componentes. Y ese número qué significa? Suspiró abrumado, y el sonido iluminó en la cabeza del ingeniero toda la habitación y los componentes electrónicos desarmados frente a él. Pensar en el destino a un punto exacto se veía un poco difícil en ese momento. Cuando el destino abruma con tantas posibilidades, no se ve entonces posibilidad alguna, los sentidos se abruman y no hay certeza de nada, solo del final. Por qué no adelantar el final ahora, todo concluye en lo mismo, lo inevitable, lo “ineluctable” leyó por ahí.
No había mucho más que hacer, así que comenzaría por el principio. Tomó la plumilla de soldadura de pulsos y dió un suave toque sobre la patilla del circuito, y tras un sonido profundo como golpe de campana, un barullo se escuchó a su alrededor.
El ingeniero conectó el cable violeta. Y pudo ver su cabaña en medio del bosque, tan oscuro como es la noche en esos lados, debía ser otoño, porque los árboles se encontraban sin hojas y el ambiente estaba brumoso, oscureciendo aún más el sendero. Se aproximó para ver que la puerta estaba ya carcomida por el tiempo, al empujarla trozos se desmoronaron en sus manos. Miró a su alrededor antes de entrar. Los árboles no solo estaban sin hojas, se encontraban ya todos secos, sin vida, la tierra polvorosa desértica, se introdujo en la negrura de la habitación. Cuánto tiempo había pasado desde que partió de ahí la última vez? Tras capas de arena se vislumbraban sus papeles y sus gafas. Tosió por el ambiente enrarecido. Se asomó a la habitación y ahí vió su esqueleto, postrado boca arriba, con oa máquina de oxígeno junto a él, como aquel día de su cumpleaños, donde la falta de aire le hacía alucinar, donde aquel bicho que desató la pandemia tenia asi postrada a gran parte de la población.
Su hija había salido por medicinas ese día. Habrá sido el último?
Una fuerte descarga hizo que el ingeniero retirara el cable de la placa. La habitación se iluminó por un ínfimo instante, tal vez por la chispa, tal vez por el grito que iluminó sonoramente la habitación.
“No, ese no lo conectaré” se dijo mientras tomaba el cable verde.
Se vió nuevamente en medio del bosque, pero esta vez era una bella mañana, de alguna forma podía ver todo a su alrededor al mismo tiempo. Sentía respirar los rayos del sol, muy lentamente inhalaba con todo su ser, y también exhalaba.
Como en una profunda meditación.
Pudo sentir esa energía del sol recorriendo todas sus extremidades, hasta encajarse profundamente en el piso, donde sus extremidades continuaban, propagandose en todas direcciones. Sus terminaciones nerviosas se unían a los mucílagos que la comunicaban la paz de sus compañeros.
En el rango de su visión se posó una apresurada abeja, suspendida en el aire contemplandolo fijamente. “Que hora será?” se preguntaba ataríada. “Hora?” Contestó: “Sólo es ahora!” “Sólo es ahora!” Se repitió a sí mismo.
Una suave brisa le hizo percibir la humedad del rocío cautivo entre sus pliegues, y vió al mismo tiempo a todos los insectos, que bebían las gotas, que se alimentaban de alguna de sus hojas, a los mamíferos que saltaban entre sus ramas, jugando, transitando, huyendo, alimentándose, morando. A las aves que socializaban con cantos. Noto la dureza de su corteza, la plasticidad de sus hojas, la suavidad de sus flores, la fragilidad de sus ramas. Lo prolongado de su tronco y lo intrincado de sus raíces. No podía añorar el pasado, ni angustiarse por el futuro. Solo estaba ahí siendo vida, aportando vida, y aun cuando no estuviera en sus pensamientos, cuando no estuviera ya plantado, producto de la tormenta, del impacto del rayo, seguiría aportando un mundo para habitar.
Desde las alturas admiraba ese verdor del que era parte, basto, interminable, tratando de alcanzar el cielo, pero con anclas profundas en la tierra. Y percibir con todas sus hojas ese aroma, ese particular aroma…
Y así estuvo un buen tiempo. En donde no hay tal, en el ahora.
Hasta que en algún momento algo lo despertó de su trance. Una pequeña puerta deslizante se abrió encima de él y rebotó en su brazo, haciéndole despegar el cable, el objeto continúo su camino impactando a un costado. El sonido que hizo fue metálico, profundo, y su resonar se prolongó.
“La llave” se dijo el ingeniero, levantandola a tientas.
“Ja!” Se volvio a decir entre sorprendido, confundido, decepcionado, y sintiendose hasta tonto.
La tomó en su mano, y en medio de la oscuridad la introdujo certero y sin titubear en una ranura del panel de controles frente a él.
Las luces se prendieron de golpe, cubrió sus ojos y alcanzando una perilla moduló la iluminación del interior de la nave al mínimo.
Observó detenidamente la placa que aún sostenía en sus manos. Wow, si que eran pequeñas las conecciones, las acercó a uno de sus ojos para poder apreciar los detalles, que aun así se le escapaban al foco de sus ojos.
La retiró y se quedó sosteniendola y admirandola con nostalgia, hasta que un sonido electrónico llamó su atención:
“Ti-tu-ti-tu”
“Hola Pancho, hace mucho tiempo que no sé nada de ti” dijo calmado.
“Jacky!” “Si te contara donde he estado”
El ingeniero le interrumpió “ya me contaras, pero si volvieras a tener un cuerpo físico que elegirías?”
“Justo vengo de ahí, pero bueno si quieres antes de explayarme, contesto tu pregunta… No, antes algo más importante… Creo que algo sospechan. Uno de ellos me llamó: abuelo”.