Yo, por mi parte, no creo estar en el cuerpo equivocado. Pero si tengo la sensación de haber habitado otros cuerpos.

Puedo ser muy privilegiado de no ser del todo feo, tampoco soy guapísimo. 

Cuando era morro pensaba que pasaría si me encontrara la lámpara maravillosa de Aladino y le pudiera ser completamente irresistible para las mujeres, y segundos después mi cerebro ya imaginaba que yo estaría siendo atacado por hordas de abuelitas sedientas de sangre, y pellizcando las mejillas.

Esto lo pensaba porque de pubertito pensaba que ninguna niña siquiera me volteaba a ver, cuando yo ya comenzaba a sentir un picazón intenso en la entrepierna, así que ese deseo no era una buena alternativa.

Tampoco me puedo quejar de mi sexualidad, me fue bien a veces, otras la cagué e hice el ridículo, otras equis, no he hecho de todo, me quedan cosas por explorar y con el nacimiento del internet, en una era temprana, eso era una jungla sin restricciones, y descubrí que había otros terrenos que no quería seguir explorando y tampoco me interesaban.

Pero tengo una extraña memoria líquida.

Más allá de disfrutar un buen baño, o tener más claridad en las ideas a la hora de lavar los platos, creo que siempre me ha costado trabajo respirar en un ambiente aéreo. Siempre la nariz tapada, rinitis, alergias…

Saltar las olas produce mucha paz, también tirarse en una alberca con una michelada en la mano, refuerzan mis orígenes de una especie marítima.

Al principio todos somos peces de agua dulce, disfrutando de una leche con chocomilk, juguitos. Pero cuando uno descubre los (salados en realidad) néctares de la pasión que escurren cuando la fruta explota justo en la boca, se puede redescubrir el gusto por el agua de mar.

Así que un buen cafecito, una cervecita, sopas, caldos, condimentos, aguitas condimentadas, reconfortan nuestro interior cálidamente, como agua de trópico. Es cierto a veces me encantaría ahogarme en las olas provocadas por el alcohol, pero la gastritis de adultez y ese repele que tengo al adormecimiento pueden más que la oleada.

Esa es una encrucijada. Me encanta soñar, pero quiero estar despierto.

Me encantaría poder trabajar dormido mientras reposo en cama y dedicar la lucidez del día para estar inmerso en las aventuras oníricas.

Todas son oleadas, cuando sientes ira, es percibido como el líquido de furia y adrenalina impregna tu ser. La ola inicia cuando prendes un porro y es esparcida rápidamente por tu sangre la mezcla del cbd y thc que liberan la planta. La ola generada por la marea lunar, que cada 28 días se apoderará de un cuerpo femenino y desatará un liberación de gritos e injurias, ante la cual solo queda respirar hondo, poner caparazón y esperar a que la marea baje y calme sus olas.

El caparazón es de reciente adquisición, antes solía ser más libre y osado. Escurridizo, aguardaba mimetizado con el entorno con esa capacidad de cambiar de colores, textura y hasta formas. Y cuando el peligro se acercaba lo suficiente me desvanecía nadando rápidamente dejando atrás una estela de tinta.

Sigo teniendo tentáculos, solo que ahora se mueven lentamente, el medio y los años me han dado rigidez.

El cambio de los tentáculos por los deditos fue interesante, pero no impidieron envolver completamente a mi presa para poderla devorar.

Filosóficamente creo que hay que sacar el mejor provecho del cuerpo que te toca habitar, y con eso no me refiero de ninguna manera a decorarlo como arbolito de navidad, poniéndolo mamadisimo, con chichis, pelo de colores. En la escuela aprendí a construir con madera, soldar metal, termoformar plastico, hice muchas cosas con papel, desde modelos de formas geométricas, hasta esculturas de papel maché, pinté con cera, y pude mezclar líquidos de colores que se deslizan por un lienzo dejando huella.

Muy sutilmente esbozas un contorno con lápiz, carbón que por la fricción con la superficie de algodón va embarrando como espátula una diferente gama de grises de acuerdo a la dureza, como el famoso lápiz HB (era un lápiz con un gris de un contraste adecuado para ser leído).

Y venden lápices de acuarela.

Primero pintas, como si fuera un prismacolor, nunca he presionado demasiado el lápiz, pero si se puede.

Y después tomas una brocha húmeda, y los colores empiezan a mezclarse y esparcirse. 

O la primera vez que embarras óleo. Y el aceite de la tinta sigue y sigue, y la mancha en la ropa no se quita y comienza a esparcir ese halo de amarillo graciento, pero que sobre el lienzo puede fundir un azul con un amarillo y blanco en un verde manzana que es un color optimo de salud y bienestar.

En el mundo que todos involuntariamente ayudamos a construir, está muy loco que puedas valorar solo poco, él leer palabras e imaginar estar hablando en primera y saber que al pronunciarlas en tu mente, se vuelven parte de ti, y es posible que las recuerdes como propias.

¿Eso que!?

Encontré extrañas similitudes entre mi hijo y mi papá.

Estuvo construyendo su nueva encarnación cuidadosamente

Y ahora cuido de mi padre como él cuidó de mí. Y mi mamá involuntariamente hizo lo mismo con mi hija, al ser la próxima disponible en el modelo de reencarnación.

Siempre se opuso a dicho concepto, pero por si las moscas, de todos modos preparó el vehículo.