Yo estaba super tranquila ese día pintándome las uñas del pié sobre la mesa, lo recuerdo bien, porque me fui para atrás cuando vi que mamá pelaba los ojos rojos de furia mientras daba un fuerte manotazo sobre la mesa. Volteé a ver la pantalla y vi el rostro de papá en el noticiero 

“Ese maldito jueguito! No puede ser, No puede ser¿Y ahora que vamos a hacer? Tonto!” Se quedó mamá gritando mientras yo corría por mi mochila al piso de arriba. Era la señal de la que papá me había advertido. Mientras corría a mi cuarto pude ver a Julia escabulléndose por la ventana, ella había escuchado también a mamá.

“¿Escapó cierto?

“Si. ¿Dónde está Cosmo?”

“ Se quedó a dormir en casa de la abuela, voy con él.” Contestó Julia.

“Papá dejó sus apuntes regados por todas las casas a donde vivió, traemelos.” Ordené a esa chiva loca.

“Llévate a Minos!”

  • “No! Odio a esa maquina!”
  • “Que te lleves a Minos!” gritó enfática Julia.

Mamá gritaba desde abajo “Nos vamos!”

-”Yo te busco, ve!” Me hizo señas con la mano para incitar a la movilidad, mientras Julia saltaba por la ventana.

Corrí lo más rápido posible al despacho de papá, vi la computadora que había estado usando ahora Cosmo, le di un par de fuertes golpes, hasta que quedara inutilizada, y de los cajones reuní todos los cuadernos que pude para meterlos en la mochila.

Nos subimos a la camioneta y Minos ya estaba ahí. Sujeté fuertemente la mochila mientras veía con desdén a ese mugroso aparato. Él me dió esa miradita compasiva que tanto odiaba. Tan servicial y complaciente, pero carente de imaginación. “Todo va a estar bien”. Me decía tratando de sostener mi mano, la cual retiré antes de que si quiera me tocara.

Tan pronto llegamos al refugio, mamá se fue a alterar y rezar, como solía hacer sus rituales de energía, y Minos ya comenzaba a hacer de las suyas. Intentaba convencerme de que todo iba a estar bien nuevamente, mientras daba instrucciones de qué tenía que hacer, como si supiera algo de lo que estaba pasando.

Yo se que no lo hacía con mala intención, Cosmo lo había programado con información y personalidad de papá para que nos ayudará y protegiera mientras él no estaba, pero no entendía nada, no tenía la principal esencia, no era mas que un tonto y vacío sustituto incompleto.

Intenté descifrar entre tanto cuento y números, los mensajes de papá, pero él era tan enredado y disperso que me iba a tomar años descifrar su cabeza. Pero bueno, así pude leer todas las conversaciones que nunca me dijo, revivir con él los paseos por el bosque, las visitas a espacios arquitectónicos, todo estaba ahí, menos los códigos. Al menos no en los cuadernos que tenía en mi poder.

Pasaron algunos días y de repente escuchamos la fuerte explosión, el sonido metálico agudo hizo que mis oídos zumbaran. Hasta Milos se inclinó sobre el piso sosteniendo su cabeza con las manos, parecía desfallecer. Mamá permaneció inmovil viendo al horizonte y me volteó a ver. Milos se recuperó pero al levantarse, sus ojos emanaba una luz roja.

¿Qué es lo que había hecho mi hermano?