Julia era muy imaginativa.
Era pequeña, pero se podría decir que era de las que mentía por convivir.
Su motivación era no quedarse atrás respecto a las anécdotas que contaba su hermana mayor, y porque seguramente tiene la misma programación que su mamá, de hablar y hablar y hablar, o los hábitos de su padre, sus abuelos y bisabuelos de ser grandes peces.
Algo irónico porque de muy chiquita escuchaba a su hermana hablar, la cual hablaba mucho y muy rápido por todo el flujo de ideas que corrían por su mente, y Julia, con esos comportamientos extraños de adulto que no deberían existir en un niño pequeño volteaba a verla y decía: – “hay ya que se calle!” Mientras se tapaba los oidos.
Pero la verdad es que era una niña muy feliz, reía mucho a carcajadas, se movía al ritmo de las canciones y cantaba: “estrellita donde estas!”. Ella siempre fue el hilo conductor entre sus hermanos
Los padres nunca van a saber todo de sus hijos ¿Sabes?, ni los hijos de los padres.
Pero los nietos quizá sepan más cosas de sus abuelos que sus padres. Fechorías y vagancias de su juventud, principalmente.
Como saltando generaciones en un acto de enderezar a la siguiente, pero dejando un rastro y una memoria borrosa entre el mito y la realidad de lo que su linaje llegó a hacer en su época.
La historia de Pedro y el Lobo cuenta de un niño pastor que mentía siempre acerca de la presencia de un lobo, hasta que la gente normaliza sus mentiras, y el día en que en realidad llegó el lobo, nadie le creyó.
Así pasaba con ella, seguramente hay un trasfondo de verdad en su relato, pero ya nadie esperaba más que ficción en su narración.
Era un problema, porque si había una enfermedad no se sabía la veracidad, o la magnitud de la dolencia. Un día le dolía la panza por comer porquerías, y al preguntarle qué sentía, ella contestó que: “un torbellino lleno de mariposas creciendo, ocurriendo por su interior”. Fue muy poético, pero a la edad de 6 años no da mucha información de si dar sólo un té, un antidiarreico o acudir corriendo al doctor.
Por otro lado y en otro tiempo le dije que mi vida se la entregaba a ellos, y me contestó con un:
- ¿Y a quién le importa tu vida?
Un día poética y al otro y me salía con frases hirientes de una persona del norte del país. Ni modo, a seguir escuchando. Te decia…
La gente a mi alrededor me cuenta historias fascinantes. Es una pena no poder recordar lo suficiente de cuando uno era niño. Me hubiera encantado recordar todas esas historias dichas por él.
De hecho las historias, o los recuerdos no siempre son como los crees ¿sabes?
No sabes bien si recuerdas el hecho como pasó, tu percepción de eso que pasó, o tu recuerdo de la última vez que lo recordaste.
- ¿Cómo?
Mi papá tenía un abuelo, el abuelo Juanito. Al parecer no sabía manejar, y mi papá le enseñó a manejar un coche cuando era niño.
Dejaba que mi tía caminara encima de la mesa tirando y rompiendo los platos.
Y al parecer también era músico.
Escribió canciones, y fueron tocados por orquestas. Es decir, antes había grupos de muchos músicos que tocaban al mismo tiempo los instrumentos con una persona que los dirija.
Era un gran acto, muy solemne, y de eso te estoy hablando que había decenas de violines, trompetas, los instrumentos que hicieran falta, y todos al unísono, tocaban en el momento justo en que una sola persona, imaginó a todos los sonidos en su cabeza. Y además pudo bajar esta imaginación y pudo escribirla en una hoja de papel.
Como dibujar un sueño. ¿Lo haz intentado? No siempre sale como lo imaginabas.
Dibujar en una hoja de papel.
Así como esas que ahora son totalmente blancas y sin rastro de algún tipo de signo.
Y a estos actos acudían personas a llenar los teatros donde se escuchaba solo música, se inundaban cuartos pequeños de ondas sonoras que hacían que todos se deleitarán por lo que estaban escuchando.
Un primo de mi papá hizo una investigación muy complicada y logró reunir las hojas donde se escribía la música, y logró que una orquesta lo tocara. Osea imaginate, logró reunir además un grupo de músicos que estuviera dispuesto a tocarla. Pero resulta que la canción estaba inconclusa, le faltaba el final. Nunca pudieron tocar el final de esa majestuosa pieza porque faltó la hoja que tenía las últimas notas. Partituras le llamaban a esos papeles.
Me lo contó mientras me mostraba la primera partitura que había yo visto en mi vida. Llena de líneas y puntos que se unían entre sí. Un lenguaje de escritura completamente diferente a lo que había visto.
- ¿Y qué es eso le pregunté?
- Una de las partituras de mi abuelo Juanito.
- ¿Y esa es la partitura faltante?
Se me quedó viendo intrigado, y me contestó:
- Nunca lo había pensado.
Cosmo interrumpió el relato?
- ¿Qué es manejar un coche?, ¿Quién es Julia?
- ¿En qué momento dejamos de conducir autos? Sabes, a veces me da miedo el no recordar.
- ¿No recordar cómo conducir un coche?
- No recordar nada, olvidarlo todo.
- ¿Por qué dices eso?
- Porque no sé cómo llegué aquí.