Solitario era un juego incluido en las computadoras antiguas para enseñar acerca de la interacción del “drag and drop”, arrastrar elementos a través de un dispositivo que permitía interactuar con la dimensión de la computadora.

La máquina sola creaba interfaces para comunicarnos con ella.

Un día, la máquina se robó las almas, extrayéndolas a través de los globos oculares.

El, cuando no quedaba nadie, más que cuerpos sin almas, tuvo que huir a las montañas.

Llevó consigo dos viejos objetos que robó de la cárcel, uno era una piedra con un grabado antiguo y el otro, un artefacto pequeño que almacenaba voces grabadas.
Ahora con éste tenía todas las historias del mundo pero nadie con quien conversarlas.

Intentaba escuchar defectos en las grabaciones, ladridos de fondo y así buscaba gente viva detrás de las memorias de otros tiempos.

También llevaba una llave enmarañada al cuello.Todo hilo puede desenredarse, solo hay que tener la paciencia y el deseo de hacerlo.

Sólo en la cueva junto al cráter del volcán, se convirtió en un mad max, un savari kensei, un forajido, loco, renegado.

Esperaba el momento, había días que solo pasaban. Cada amanecer es un inicio donde las historias son planas, pero otros tienen giros, grandes giros, y este era otro más de estos. Sintió una gran punzada en medio de los ojos, después vio una gran luz, muy blanca enceguecedora que lo cubría todo. El sonido tardó en llegar, junto con la onda de choque. Pero el sonido no era el típico de una explosión, era como una vibración metálica, un alarido. Y las historias del dispositivo que lo acompañaba, cesaron. Toda palabra de esa máquina quedó en silencio.

Sabía exactamente lo que había pasado.

Se puso de pie, dispuesto a regresar.

Ahora toda la bruma blanca a su alrededor le dificultaba ver el camino. Sacó la roca que llevaba consigo y vió que un brillo en la piedra giraba en el sentido de las manecillas del reloj, perfectamente delineado, del centro en torno a las espirales que se proyectaban hacia afuera, El brillo detuvo su movimiento apuntando a una dirección en particular.

Amarro nuevamente la llave a su cuello, la apretó fuerte por unos segundos y se puso en marcha.

“Silencio Bruno!Eres más de aquello para lo que fuiste programado, robot salvaje.”

Se dijo.