Mientras Cosmo examinaba el código, se le ocurrió codificar una puerta trasera, algo que le ayudara a depurar y corregir, solo por las moscas, para ayudar a su papá. Pero se encontraba ya muy bloqueado y era difícil navegar en el laberinto de información.
Ícaro decidió ayudarlo, volteo la hoja del cuaderno del papá de Cosmo, justo en las anotaciones del acceso de admisión, con un sutil soplido. Con un roce de su mano volteó la cabeza del joven para que pudiera ver esa información.
Volteó a ver al papá de Cosmo, que observaba a su hijo desde atrás de la puerta. Éste lo miraba orgulloso, pero con un poco de culpa, él había hecho lo mismo con su pequeño robot, instalar una puerta trasera en su código para limitar su autonomía.
Ícaro vio como la puerta que escribía el chico sobre el teclado se iba materializando y la cruzó despreocupadamente.
Del otro lado de la puerta , se posicionó junto al ingeniero animandolo a posicionar el dedo sobre el glúteo de la chica dormida.
Siguió avanzando y de la misma forma en que sopló las hojas con el chico, le mostró a Astra la página donde desactivar a Minos. Se quedó un momento para apreciar la épica escena, y continuó caminando por el prado, despejando con las manos las nubes que permitirían que los rayos del Sol iluminaran el rostro de Andrés sobre el tractor.
Regresó con el papá de los niños y guío su pluma para ayudarlo a expresar en letras todos las conversaciones que no podría tener con sus hijos, durante su periodo de encierro, que aún desconocía.
Posteriormente volteo e impulsó la espada del viajero para vencer a los demonios. Por último empujó al mismo ángel hacia su reflejo para que este pudiera descender a la tierra y experimentar los 5 sentidos de un humano.
Finalmente, sintió un tirón proveniente desde su ombligo, era su cordón de plata que le indicaba que era hora de regresar.