Siguieron a el can por un bosque plano. Julia observaba cómo los colores rosa intenso y violeta floreaban en los árboles por el sendero que llevaba a una gran barda de piedra negra.
Volteaba a ver los árboles y a sus acompañantes que pasaban indiferentes a las gamas de la naturaleza, que en ese momento no podían apreciar. “Al menos pueden apreciar este aroma” se dijo y tomó una gran bocanada de aroma a naturaleza, un peculiar aroma a bosque que lo diferenciaba de otros en donde había estado.
Se acercó a Oz y sacando un collar con una gema brillante de su cuello, lo acercó a los ojos del chico. Oz se quedó pasmado con la vista bien abierta en asombro. Julia solo le hizo una seña colocando su dedo, enérgico sobre sus labios, demandando que guardara el secreto, y siguió caminando de prisa para colocarse de nuevo al frente del grupo con el perro.
Llegaron a una rejas de color amarillo, el can pasó entre ellas, pero para los humanos eran muy delgadas para hacer lo mismo.
Oz, revisó los candados que mantenían las puertas cerradas y les dió unos golpeteos para comprobar su dureza.
Mientras tanto, Show ya se encontraba sujetando ambas manos para propulsar a Julia que corrió unos metros para agarrar impulso. Al llegar a donde estaba Show, puso su pie entre ambas manos entrelazadas entre sus piernas y él, empujó para arriba el pié de Julia quien siguió pisando sobre la pared hasta alcanzar con la punta de sus dedos el borde superior de la pared. Eso bastó para que pudiera subir su cuerpo completo.
“Denme unos segundos” dijo la chica mientras desaparecía del otro lado de la barda.
Los demás se acercaron y se reunieron junto a Show, y tras unos minutos, una cuerda aterrizó frente de ellos, proveniente del otro lado de la barda.
El primero en escalar fue Cosmo, el más liviano. Y ayudó a Julia a recibir a los demás del otro lado.
Show ayudó a Iker a trepar, y del otro lado los demás chicos ayudaron a su descenso para compensar su pierna lastimada, aunque a pesar de eso, la hazaña fue muy grácil.
Vieron ante sí edificios, de la época modernista, con repeticiones de módulos y materiales geométricos de concreto, metal y vidrio. Era de notar el estado de preservación de ese lugar.
“Cuiden bien su impacto, este lugar le pertenece a la humanidad” pronunció el perro mientras se emparejaba con ellos, se puso por delante y los condujo.
Pasaron por en medio de los edificios que contaban con grandes vestíbulos y dentro se alcanzaban a vislumbrar grandes murales, por la luz lateral que iluminaba y contrastaba con las sombras lánguidas de la mañana. Ellos continuaron su paso, pero Oz se detuvo un momento para admirar uno de ellos.
“Esperen!’ dijo en voz muy baja, casi para sí mismo.
“Eso ya… ese mural… es de la medicina, estamos en, en…” y se apresuró para alcanzar al grupo para comunicar su hallazgo, y al alcanzarlos se abrió ante sí una gran explanada basta, majestuosa llena de árboles y flanqueada por grandes edificios con filas interminables de columnas con una arquitectura impecable.
“…la Gran Ciudad Escuela.” concluyó su frase mirando admirado a su alrededor.
Los chicos giraban sus cabezas y sus cuerpos admirando el espléndido paisaje en el que estaban inmersos.
“La Gran Ciudad Escuela” afirmó el perro emprendiendo carrera corriendo libre por la gran explanada.
“La utopía de la sociedad, un lugar donde las mentes mas prodigiosas se reunian para enseñar a las nuevas generaciones.” reflexionó Oz.
Los chicos también corrieron libres experimentando esa sensación de amplitud.
Iker avanzó a su propio paso rengueando la pierna pero eficazmente asistido por el exo aditamento que protegía su pierna.
Oz también avanzaba a su propio paso observando y girando su cuerpo:
“Cada edificio documenta en concreto, ladrillo y cristal su evolución arquitectónica. Obras de arte funcionales. Rutas de transporte, dormitorios, estaciones de transmisión, unidades comerciales, laboratorios, talleres…” Analizaba. “El dominio de los materiales y el entorno, conviviendo armónicamente con este bosque. El lugar ideal para diseñar el futuro.” “Humanidades” leia las letras de tamaño colosal sobre la fachada de uno de los edificios.
-”Dicen que aquí había unas fiestas fantásticas” Le dijo Show pasando corriendo a su lado palmeando la espalda.
-”Seguro que si” penso Oz, “los máximos exponentes culturales haciendo vibrar todo este pastizal lleno de alumnos, con su música, sus danzas artísticas, sus piezas visuales, si tan sólo no los hubieran frenado asi…”
Se reunieron en el centro de la explanada.
“Vamos justo ahí” señaló Iker un gran edificio que se alzaba imponente al final de la explanada.
“La gran base de datos” Dijo Oz quien se abalanzó corriendo rumbo a dicho edificio.
“Si esa es la base, entonces ese debe ser..” admiraba un edificio de cristales con unas colosales manos de concreto saliendo de una de sus caras, en un piso sin cristales, como queriendo recoger los rayos de sol que se colaban entre los dedos. “Y ese es el gran…” admiraba al fondo un gran estadio deportivo con otra obra artística en sus paredes de piedra, paredes que asemejan el cráter de un volcán, y en el centro un pebetero, rodeado por tubos que debieron tener algún día banderas de todas las extintas naciones. “Claro, aquí es el templo del deporte y la salud. Mas alto, mas rapido, mas fuerte”.
Se detuvo para admirar el colosal mural de la Base de Datos, hecho de diminutas piedras geométricas que lo adornaba en sus caras.
Una pieza que pintaba paisajes alabando el pensamiento y la ciencia, al ser humano, a la antigua cultura, a la vista, a los astros, a los modelos de aquel entonces de la energía, y en el centro dos poderosas aves coronadas por la frase “Esta raza es grande por su espíritu” , así era, la humanidad entera movida por una fuerza de la voluntad común, por una visión de llegar lejos.
Show interrumpió las disertaciones de Oz.
“El hermano de mi abuelo hizo eso” señalando un gran orbe hecho a partir de triángulos, que coronaba un edificio contiguo.
“En serio?” Preguntó Oz extrañado.
“Bueno, participó! Fué alumno de Richard Fuller, según esto. Ah y dicen que una vez le dió clases Ginberg.”
“Grinberg, el Ing. Grinberg? Ese Ginberg?!”
Preguntó Cosmo admirado.
“Si muchas personas aquí tuvieron la oportunidad de escucharlo.” Les dió nuevamente alcance Iker.
“Pero ese hermano de tu abuelo… sobrevivió?” Preguntó Cosmo.
“Si, salió bien librado del enfrentamiento en contra de los estudiantes, aunque no te sabría decir si fue afortunado, al final la corporación lo reclutó.”
“Bueno” interrumpió Iker “Justo por eso estamos aquí, así que vamos”.
“Yo hasta aquí los acompaño” – los sorprendió la voz del perro a quien no habían notado, pero permanecía a su lado. “Ustedes están de paso, pero este lugar será una memoria de toda una Raza, recuerdenlo, es un patrimonio.”, dió media vuelta y se perdió en los prados de la explanada.
Un gran vestíbulo de triple altura y filas de columnas se veían desde la entrada. Cosmo reparó sobre unas pantallas cuadradas y voluminosas de carcasa color beige. “Qué curioso” dijo mientras golpeteaba la superficie de cristal negra.
-”Adentro tenían aceleradores de partículas” le susurró Show cerrándole un ojo.
Show continúo caminando desfachatado como siempre y se echó sobre uno de los sillones de las salas rodeadas de columnas y estanterías llenas de bloques de papel.
El resto de los chicos paseaba entre los pasillos, Cosmo y Show sacaban bloques y los abrían solo para admirar las blancas hojas.
Julia por su parte inclinaba la cabeza viendo los bloques hasta que reparó en uno, lo tomó y chiflo haciendo eco en todo el vestíbulo rodeado de ventanas. Hizo una seña a todos para que la siguieran, y aproximándose a una mesa junto a Show, abrió un bloque y de su mochila sacó un cristal como aquel que colgaba de su cuello, le dio un fuerte golpe sobre el piso, con el impacto, salieron chispas. Y en las hojas del bloque se comenzaron a develar imágenes de ángeles celestiales en poses de acción en una batalla contra demonios. “Paraíso perdido” dijo Julia.
- “Uff, lo recuerdo bien, eso si que estuvo intenso” Dijo Iker.
Los chicos lo miraron extrañados
– “Buen libro, me refiero, recomendable” – corrigió Iker sintiendo un poco de incomodidad, esbozando una sonrisa y levantando los pulgares, alejandose lentamente.
“Pero cómo?!” Se enderezó rápidamente Show para observar las hojas para descubrir más grabados con ilustraciones de pasajes similares.
“Cada quien tome un trozo de piedra” dijo Iker, tenemos muchas escaleras que subir. “Qué estamos buscando?” Pregunto Oz. “Eso” dijo Julia mientras realizaba unos trazos con la misma piedra sobre una de las hojas del libro, dejando un trazo.
“Y qué es lo que significa?” Preguntó Cosmo.
Julia se acercó, lo abrazó y le dió un beso cariñoso en la frente. “Esperamos que tú nos digas, cerebrito”.