Mira, todos vivimos una historia donde nacemos, o comenzamos a tener conciencia de algún acontecimiento, y morimos. Pero solo a algunos les sucede algo trascendental.
Conozco muchas personas que cuentan relatos interminables solo para concluir en una jalada.
Es como el chiste del periférico. Ese de un señor que fue a una casa de Citas, y le hacen mil preguntas de cómo le gustaría su experiencia, por ejemplo: güera o latina, lencería o uniforme… y la pregunta final es:
¿Con jalada o sin jalada?
El final termina en una puerta que conduce a la mitad de la selva.
¿Qué jalada no?
Este chiste es totalmente inapropiado, lo sé. En mis tiempos, eso lo contaría con un estilo políticamente incorrecto cualquier cómico, y nos haría mucha gracia, pero hoy causa mucha indignación.
El final sería lo de menos, pero la forma de contar y la trama sería genial.
Pero cuando el relato es aburridisimo, y el final es peor, el observar que ese tipo de personas abrir la boca, es como ver en cámara lenta, como caes mientras miras con detenimiento, la textura del pavimento que se aproxima rápidamente a tu rostro.
Pero no hay historia mala, azotar el rostro contra el pavimento y sentir tierrita entre los dientes y calor en el rostro, pensando para tus adentros “ya valió…”, puede ser el principio de algo diferente. Quizá las historias no sacian el deseo de matar el tiempo, porque la retención, a la que nos habitúan los medios, no permite ya seguir el hilo de una historia por muchos minutos.
Así que relájate, no hay prisa. Mira Jacky, todos dicen que soy “un gran pez”, abriendo la boca y solo sacando burbujas de fantasía, pero es mejor contar mentiras a no tener historias que contar.
De todos modos tus recuerdos son mentiras. Tu no sabes si lo que recuerdas es como paso, cómo lo quieres recordar, o tu recuerdo de la última vez que lo recordaste.
De todas maneras esas pequeñas historias no tienen relación alguna, … o no mi Ingeniero?
-“Es correcto Pancho, pero esto que te digo es real”