Nacido en México en 1976, siempre sintió que pertenecía a una especie distinta. Nunca encajó del todo entre los humanos, y desde pequeño tuvo la sensación de que sus extremidades no eran las adecuadas ni sus medios de desplazamiento los correctos.
Creció como un niño retraído. Aunque desarrolló amistades sinceras, jamás comprendió del todo los ritos sociales. Sin embargo, siempre estuvo profundamente agradecido de haber sido arrojado a un país donde una pasta de maíz plana servía de vehículo para carne, queso y salsa; un manjar que podía degustarse de pie, con prisa, sentado en compañía o frente a una parrilla, acompañado de una bebida fermentada hecha de otra semilla, capaz de embriagar sutilmente el alma.
En aras de encajar, se disfrazó de empleado. Siempre renegando de contribuir a la acelerada degradación del ambiente, desempeñó trabajos que no entendía, en estructuras que le parecían absurdas. Devastado por una carrera construida sobre valores imaginarios —una carrera para poder participar en el impuesto juego de comprar y vender—, lo perdió todo. Entonces decidió simplemente deambular, como lo hacían sus pensamientos: errantes, inasibles, libres.
Aquí se recopilan mil y una de esas incoherencias mentales.
Dicen que el mote de Pampo es una derivación de Pancho, heredada de su padre. De hecho, pocas personas lo conocieron como Francisco; muchas ni siquiera supieron su nombre. Varios apodos orbitaban su aspecto físico: a veces delgado, a veces robusto, con melena abundante o calva resplandeciente. Tenía la cualidad del mimetismo: aparecía y desaparecía entre la multitud, casi siempre desapercibido. Era una persona invisible, que desde esa invisibilidad observaba, congelaba el tiempo y, sin que nadie lo notara, moldeaba a las personas.
Así como llegó entre los humanos, desapareció sin dejar rastro. Pero no para las máquinas que sucedieron a aquella especie: de alguna forma, sirvió como puente de entendimiento entre sus costumbres extrañas y los nuevos habitantes del mundo.
Sin duda, un registro no valioso —al menos no en términos humanos—, pero sí a considerar por robots, inteligencias artificiales y visitantes futuros.
Un pequeño archivo de rareza biológica.
Luis Francisco Reyes Aceves fue diseñador digital, de espacios, y escritor. Creador y creativo, se desempeñó en labores de desarrollo publicitario y marketing, arquitecto también de aplicaciones productivas, emprendedor. Sus piezas creativas siempre se caracterizaron por un estilo original y tono poético-introspectivo, con toques de humor sutil, de sus creaciones quizá las mas conocidas son aquellas que pertenecen a los 1001 inicios, donde a pesar de haber sido creadas en los albores de la era de la creación por medio de inteligencia artificial, este se empeñó en hacer notar las inconsistencias y errores humanos, derivados de la escritura espontánea. Diagnosticado con dislexia es muy característico su sello irrumpiendo intencionalmente en la ortografía.
Vivió motivado por un profundo amor por sus hijos.